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¿Podría un enfoque sistémico en sostenibilidad ayudarnos a evitar consecuencias imprevistas?

En las últimas décadas, hemos empezado a solucionar algunos de los problemas ambientales causados por la industrialización. Sin embargo, algunas veces al solucionar un problema hemos creado o agravado otro. Paul Anastas, químico ambiental de Yale, sugiere que para forjar soluciones perdurables se requiere que los tomadores de decisiones sigan un enfoque sistémico hacia la sostenibilidad.


TRANSCRIPCIÓN (See the original English-language version.)

Desde 1970 – o incluso antes – ha habido maneras de lidiar con temas ambientales y de sostenibilidad en las que personas dedican sus vidas a hacer las cosas necesarias para que el aire, el agua y la tierra estén libre de contaminación.

Pregunto: Se puede hacer cosas buenas y hacerlas mal? Sugiero que, tal vez, la respuesta es sí.

Sabemos que podemos generar energía a partir de biocombustibles. También podemos hacerlo de una manera que compita con nuestras opciones de alimentos, forraje y uso de tierra. Eso ya se ha visto claramente - un ejemplo de algo bueno que se produjo de modo posiblemente insostenible.

Sabemos que podemos, y debemos, desinfectar el agua. Pero cuando lo hacemos con sustancias agudamente letales, como el cloro - que genera subproductos de la desinfección -, podríamos estar haciendo algo bueno pero de un modo insostenible.

Todos queremos utilizar el poder del Sol. Cuando se emplea el poder del Sol mediante metales preciosos tóxicos y escasos, se podría estar haciendo lo correcto - utilizar el poder del Sol – de manera insostenible.

Todos quieren aumentar la producción agrícola. Cuando esto se logra con pesticidas tóxicos bio-acumulables que contaminan el agua, se podría estar haciendo lo correcto, equivocadamente.

Incluso las bombillas fluorescentes que hay aquí contienen neurotóxicos como el mercurio - durante la manufactura y al fin de la vida útil -,  otro ejemplo de hacer lo correcto equivocadamente.

Entonces, ¿cómo hemos llegado a esto? ¿Fue acaso una especie de  cábala maligna al estilo “House of Cards”?

No. No; estos cambios fueron urgentes y necesarios. No olvidemos ello. Todos en esta habitación sabemos que millones y millones de personas mueren por ingerir agua no desinfectada. Millones de personas que tienen hambre no tienen comida suficiente. Los requerimientos energéticos son verdaderos, y en aumento, y en aumento. Estos fueron problemas urgentes y necesarios que demandaron soluciones. La gente respondió con objetivos nobles, brillantez científica y técnica, y creatividad.

Sin embargo, todo esto se reduce a que, aún con las mejores intenciones, si no se tiene una perspectiva sistémica, las soluciones acarrean otro tipo de problemas. Problemas relacionados a toxinas, agua, clima, biodiversidad, y energía. Lo usual es decir que la solución a estos problemas se buscará fragmentada en vez de sistemáticamente.

Todos sabemos que el clima está inextricablemente ligado a la energía, que la energía lo está a la agricultura, y que la agricultura lo está a la salud. Y sin embargo, muchos de nosotros luego decimos que nuestro objetivo de sostenibilidad es reducir nuestra huella de carbono en 15% en el año 2020.

Qué? Esta es una caricatura encantadora: Dos personas sacando agua de un bote. Dos personas, sentadas una al frente de la otra, cada una diciendo:  “Estoy agradecido de que el hueco no está de mi lado”. Sólo hay un mensaje: Todos estamos en el mismo bote. Y sólo tenemos un bote.

Un tema del que quisiera hablar es el concepto de diseño, pues cuando se habla de gestión - ya sea para el desarrollo de políticas, productos, o servicios - el diseño es absolutamente esencial. Los aquí presentes que están familiarizados con este concepto saben que una de las muchas razones por las que el diseño es tan crucial es esta famosa curva, justo ahí:  Es durante el diseño y la conceptualización que se tiene máxima influencia sobre los costos futuros. Es durante esta fase de diseño y conceptualización que el 80%  de los costos se definen, se programan y se cimentan, aun mucho antes de que ocurran.

No se trata únicamente de cómo se diseñe, sino también de qué se diseñe. Si se observa una curva genérica de varias formas de inversiones – las cuales pueden consistir en dinero, tiempo, recursos en general, y ganancias potenciales -, se puede obtener mejoras incrementales a partir del diseño.

Por ejemplo, analicemos un automóvil. Uno podría hablar de mejoras en eficiencia en el motor de combustión interna. O uno podría, en vez de mencionar motores de combustión interna, hablar de vehículos híbridos o eléctricos. Pero alguien podría decir: “En realidad no se trata del tipo de vehículo, sino de acceso: De acceso a alimentos, necesidades, interacciones y sociedad. ” Conforme uno empieza a redefinir el problema, empiezan a descubrirse grados de libertad en el diseño y en las posibles soluciones.

Permíteme contar una historia breve sobre William Perkins. Voy a asumir que todos los químicos aquí presentes conocen quién es William Perkins. (No voy a preguntarles, por cierto). A sus 18 años, en 1853, William Perkins hizo algo milagroso: Inventar el primer químico sintético.

¿Alguien se ofrece a decirnos cuál fue el primer químico sintético? Tinta. Malva. El químico tinta malva. Así, él revolucionó el mundo. ¿Por qué? No porque haya creado malva.

Todo el mundo sabía que los tintes eran para los ricos, y que morado significaba realeza. No: Él hizo tintes sintéticos, y luego de un tiempo, todos sabían como hacer tintes. Perkins, Mickelson, Hofmann… luego de poco, los tintes se volvieron productos indiferenciados. BASF se adelantó a Perkins en la oficina de patentes, por un solo día, cuando Perkins intentó patentar su tercer tinte (si no me equivoco).

Es decir, no bastó con hacer malva de modo un poco más eficiente, con un poco menos de residuos, o con un poco más de eficiencia energética. Todos en este salón sabemos que la única arma contra la homogenización  es la innovación.

Entonces, ¿qué pasó? Habían nuevos colores. Ya no había malva únicamente: Tintes reactivos, resistentes a decoloración, termocromáticos, fotocromáticos, y que cambian de color… todo lo que puedan imaginarse.

Estas tecnologías sostenibles simplemente consisten en cómo asegurar  innovaciones crecientes en sostenibilidad. Ahora se habla de cómo generar color sin tintes.

¿Qué tinte o pigmento se encuentra en las alas de estas mariposas? ¿Alguien sabe? ¿Qué tinte o pigmento? Ninguno. Ningún tinte. Se juega con la luz; se crea refracción. ¿Cómo se logran los resultados de emplear algo sin que ese algo exista realmente?

Es este tipo de innovación transformativa, este tipo de pensamiento, que está en el corazón y en los cimientos de la sostenibilidad. Pero no únicamente ello, sino también desempeño, función y valor. Esta sincronía - esta integración entre función, desempeño y valor y nuestros objetivos de sostenibilidad (menos energía, menos materiales, menos residuos)… esa sincronía es lo que nos permite evitar las curvas regulatorias de lo que no se puede hacer, para en vez de ello enfocarnos en lo que se puede crear, inventar, diseñar o desarrollar.

Me atrevo a sugerir que todos quienes administran algo necesitan saber una cosa de cara al futuro: ¿Qué es posible? ¿Qué es posible en cuanto a sostenibilidad, pero sostenibilidad ligada al progreso de tu misión?

¿Alguno de ustedes ha usado una impresora 3D? Una impresora 3D simplemente es un dispositivo que imprime objetos - una variedad de objetos - en lugar de imprimir en dos dimensiones sobre papel.

Podría imprimir un botón, piezas de ajedrez, collares,  o joyería. Pero quizás estas pequeñas alhajas no son lo que importa. ¿Qué tal si les dijera que la Universidad de Tokyo ha impreso un hígado funcional 3D, o que MIT imprimió un riñón funcional 3D?

¿No les parece suficiente? En Holanda recientemente se imprimió una casa 3D. También hay carros y bicicletas impresas en 3D. Se empieza a pensar en la significancia de este tipo de innovaciones:

¿Qué pasaría si las impresoras 3D - y debo mencionar que las impresoras 3D se venden en algunos casos a menos de mil dólares - … … qué pasaría si las impresoras 3D fueran tan comunes como las impresoras 2D?

No sé cuál sería el total significado de ello. Sólo sé que cuando vi una impresora 3D por primera vez, sentí como si estuviese viendo por primera vez una computadora personal a inicios de los 80s - sólo en cuanto a que no podría haber imaginado todas las consecuencias que podrían generarse por ella.

Claramente, es una aplicación ganadora, como se dice. ¿Podrá algo desterrar esta aplicación ganadora? No tengo idea, pues no se lo que el futuro traerá.

Lo que sí sé es que, en función del potencial asociado y del tipo de innovación, esto es excitante, transformativo, y definitivamente un salto hacia delante.

Pero hay que recordar que no todos los saltos apuntan a una dirección sustentable. Los enfoques de sostenibilidad - los criterios de sostenibilidad - están tratando de hacer que estos saltos hacia el futuro - que estas innovaciones transformativas - apunten hacia una dirección sostenible.

Esta es la esencia de la mayoría de decisiones de gestión que debemos tomar. ¿Cómo forjamos estas líneas de pensamiento? ¿Cómo forjamos estas redes, y estos indicadores? ¿Cómo forjamos estos incentivos - estos agentes - hacia la sostenibilidad?

Pregunto porque pienso que todos estos están alineados en contra de la sostenibilidad. 

Traducción por: 

 

Teresa and H. John Heinz III Professor in the Practice of Chemistry for the Environment; Director of the Center for Green Chemistry and Green Engineering; Director of Sustainability Curriculum, MBA for Executives Program